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superficies amarillas

llegaron a la isla. nos dijeron: tranquilas, somos amiguis, queremos ser amiguis. nos tranquilizamos y empezamos a hablar. nos contaron su historia, nosotras les contamos nuestras historias. nos preguntaron cosas, nosotras les devolvimos las preguntas

necesitaban nuestra ayuda, nos pidieron quedarse un tiempo en la isla. estaban recorriendo el mar, haciendo amiguis. compartieron sus secretos para que nuestras casas soportaran los vientos, nos enseñaron a cuidar las plantitas, a platicar con las nubes y nadar en el mar. pero la cosa más importante que nos enseñaron fue el dibujo

empezó con unas superficies amarillas que se desplegaban, mostraban historias de distintas islas, historias que habían dibujado en esas superficies. dibujos llenos de colores, cosas pasando, criaturitas moviéndose. absolutamente toda la superficie estaba llena de estos personajes, que a su vez tenían asociada una historia

había criaturas tan fantásticas, criaturas y plantitas que en su isla nunca llegaron a vivir pero que conocieron gracias a los dibujos. conocieron historias de montañas, árboles, familias de nubes y piedras pequeñas, medianas y grandes

nos enseñaron a fabricar estos rollos de superficies amarillas y cada una de nosotras inició el registro de esas historias que llegaban al anochecer, cuando cerrábamos los ojos y descansábamos hasta el amanecer. una de nuestras amiguis definió el rumbo que debían seguír nuestras amiguis viajeras. lo registró con precisión en una pequeña parte del rollo amarillo

esa era la ayuda que necesitaban las amiguis viajantas, a donde iban tenían que pedir la dirección que su barco debía seguir, y esta dirección solo podía ser revelada en sueños de las nativas de la isla


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